33 AÑOS DEL TERREMOTO DE POPAYÁN
Imágenes cortesía: Luis H. Ledezma.
En la mañana del Jueves Santo 31 de marzo de 1983, a las 8:13 de la mañana. La ciudad de Popayán sufrió un sismo de magnitud 5,5 en la escala de Richter y variaciones de grados VI y IX en la escala de Mercalli.
18 segundos fueron suficientes para que uno de los terremotos más devastadores de la historia colombiana, acabara con la vida de 287 personas y destruyera el sector histórico de la ciudad de Popayán.
El movimiento, ocurrido en plena Semana Santa, un jueves 31 de marzo de 1983, cuando decenas de fieles presenciaban las celebraciones sacras, le cambió la historia a la ciudad religiosa por excelencia.
Eran las 8:13 de la mañana del Jueves Santo de 1983, cuando decenas de fieles ya se encontraban en los diferentes templos de la ciudad, en la primera misa del día, cuando la ciudad empezó a temblar.
Casi 20 segundos después, sobre el centro de Popayán, se observaba una nube de polvo.
La mayoría de las víctimas fatales estaban rezando en centros religiosos. Otros murieron en las viejas edificaciones aledañas al sector histórico.
***A mediados del siglo XIX, el general Tomás Cipriano de Mosquera, expulsó a la comunidad Jesuita de la ciudad de Popayán. La memoria histórica cuenta que uno de los religiosos maldijo a la ciudad marcando el día en el que cayera la cruz de Belén, una de las iglesias más representativas de la ciudad, la ciudad se destruiría.
El día del terremoto, la emblemática cruz de metal se fue al suelo. Sin embargo, muchas personas, entre ellas el padre Otón Avendaño, hoy Vicario de la Arquidiócesis de Popayán y quien ese fatídico Jueves Santo celebraba su primera misa como sacerdote, le restó credibilidad a la supuesta maldición, pues dice que todo se debió a un desastre natural.
Un total de 6.130 viviendas resultaron afectadas por el terremoto, de ellas 2.558 terminaron completamente destruidas, 32 iglesias, 17 museos, la Torre del Reloj, el Puente del Humilladero, el Claustro de Santo Domingo, la sede de Villa Marista, entre otras emblemáticas edificaciones, terminaron agrietadas y a punto de venirse al suelo.
Pero una de las escenas que más causó conmoción y que hoy forma parte de la memoria de los payaneses, fue la que se vio en el cementerio central, la mayoría de tumbas se abrieron y cientos de cadáveres quedaron expuestos. Otros ataúdes quedaron con la mitad afuera.
***A las 11:30 de la mañana, tres horas después del terremoto, aterrizó un avión de las Fuerzas Armadas en el aeropuerto Machángara de Popayán, con el presidente Belisario Betancur y varios de sus ministros a bordo.
El mandatario llegó con un cargamento de ayudas, agua y alimentos no perecederos para afrontar las primeras horas de la crisis.
Luis Guillermo Salazar, era el alcalde de esa época y tuvo que enfrentar la emergencia. Asegura que las primeras medidas fueron de Salud Pública.
La atención de los heridos, el suministro de alimentos y agua y sobre todo la planeación que se inició de manera inmediata, buscando la remoción de los escombros y la adecuación de las edificaciones que estaban a punto de caerse para evitar más afectaciones, se tuvieron en cuenta como prioridad.
En 1983 Popayán tenía 90 mil habitantes y un problema de crecimiento en la población que se veía reflejado en los inquilinatos que existían.
Han pasado 33 años y Popayán cuenta con un censo de 370 mil personas.
El 80 por ciento de los actuales ciudadanos llegaron de otros municipios como Piendamó, Cajibío y Timbío, que también resultaron afectados con el terremoto y ocuparon extensiones de terreno en asentamientos e invasiones.
Uno de los barrios de la Ciudad Blanca, tomó el nombre de ‘31 de Marzo’, como una manera de recordar esa fatídica fecha del fenómeno natural que le cambió la historia a Popayán.
***Tomado de Colprensa.



